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“Los pueblos que no analizan su historia
están condenados a cometer los mismos errores del pasado...”
¿Es posible aún que una sociedad como la nuestra, tan mestiza de historia, de rica cultura y tradiciones no demuestre orgullo de sí misma al no contar con una memoria escrita de las intervenciones urbanísticas en el desarrollo de la ciudad? O lo que es peor aún, demostrar argumentos y definiciones pobres, que reflejen lo poco y erróneo que se sabe del tema, consecuencia clara de que no existe una fuente que lo respalde y acredite.
Contrario a lo que muchos han de pensar, las mas interesantes recopilaciones, única base de datos actual para la investigación de Lima, proceden de diferentes ramas disciplinarias, distintas a la de urbanismo. Y no es que en todo este tiempo no hayan existido peruanos que se hayan desarrollado en este campo de forma plausible con teorías al respecto; el problema está en el desorden, diversa localización, desbarajuste y desorganización de estos expedientes, desunificado en su totalidad.
Es inevitable, para el desarrollo de toda ciudad, el contar con una memoria urbanística, es decir“un registro sistemático, completo y detallado de las intervenciones urbanísticas realizadas sobre su suelo por agentes como el gobierno, el sector privado o la iniciativa de los propios pobladores”, sin embargo Lima, no contaba con este archivo.
La información hasta la fecha no está completa, no es sistemática, es por ello que el autor de“Lima Historia y urbanismo en cifras 1821-
En el transcurso, el autor se dio con la sorpresa de contar con hallazgos de carácter documental, por ejemplo el ‘primer’ empresario urbanizado “
Un hecho importante a resaltar en las conclusiones del autor, es la comparación de los 3 modelos urbanísticos, el promovido por el estado es el que mayor porcentaje de área libre presenta en comparación al porcentaje de área libre de la privada y la barriada. Ejemplo de ello son las grandes unidades vecinales –Unidad Vecinal Mirones, Residencial San Felipe, etc.- promovidas por los diferentes gobiernos de Prado, Leguía y Belaunde.
Las ciudades son un producto histórico, se van modificando y tienen vida propia, constituido por espacios de distinto formato y características, es a la vez un conjunto social integrado por una comunidad de individuos. Su realidad es dinámica y heterogénea. Sus unidades básicas son el individuo y la vivienda, siendo el barrio su unidad básica de estructuración. Su significado y formato, y la conformación de la misma, se generan en base al barrio de uso residencial, siendo importante a nivel social y vital para la existencia de una ciudad.
Un Barrio en la ciudad
“Un barrio es en el fondo una metáfora de ciudad que integra a ciudad en su seno,
pero a la vez se integra a ella de modo orgánico”
(Lima: Historia y Urbanismo, Wiley Ludeña)
La tipología edilicia y morfología urbana alcanza el máximo grado de interacción en el barrio, una de las condiciones para su existencia es la integración de viviendas y equipamiento, este equipamiento es lo que le da unidad y características al mismo, llegando así a consolidarse como hitos urbanos y parte de la memoria colectiva de la sociedad.
El barrio es resultado de las múltiples relaciones con una integridad urbana mayor: la ciudad. La extensión del término barrio ha generado que durante los últimos 50 años exista una variedad de términos para nombrar esta realidad genérica.
Pero entonces, ¿qué es el barrio peruano? En cuanto al caso de Lima y la denominación de barrio, no ha existido un acuerdo explicito para la utilización de este término ni para su conceptualización, muy a diferencia del contexto europeo. Es por consiguiente que para estudiar el concepto de urbanización y barrio, el autor remite a revisión todos los reglamentos públicos de construcciones, desde el siglo XVIII; siendo así como encuentra la primera definición de urbanización, (Reglamento de Urbanizaciones aprobado el 22 de agosto de 1924), encontrando luego la división de la ciudad en zonas de acuerdo a su función económica-social (1933): zona residencial, comercial e industrial.
Sin embargo en la década del 50, el término de urbanización, adquiere una connotación mas elitista, orientándose a lo ‘moderno’, lo prestigioso y de mayor connotación social; bifurcando desde ya el imaginario colectivo. En cambio con el término barrio, sucede lo opuesto, connota lo popular, siendo el nacimiento de las ‘unidades vecinales’ que en términos normativos constituyen “unidades de barrio”.
Estos términos de urbanización y barrio se validan implícitamente en los reglamentos que fueron emitidos en esos años, estos conceptos cambiantes ahora son literalmente validados y oficializados para el uso lexicológico de nuestra sociedad.
Después de casi 100 años del uso del término de ‘urbanización’, el gobierno de Juan Velasco Alvarado, con el Reglamento de Habilitación y Subdivisión de tierras, lo obvia en los documentos oficiales, utilizando la descripción genérica de ‘habilitación urbana’ para vivienda, introduciendo también el término “pueblo joven”.
Sin embargo el término ‘urbanización’ seguiría usándose en el concepto de áreas urbanas con todos los servicios, puesto que desde antes ya formaba parte del intrínseco social.
No obstante, a pesar de haber sufrido una serie de cambios en su significado, existe un consenso implícito en el contexto peruano; el término urbanización alude a un término de “vivienda de preferencia unifamiliares, levantados sobre un terreno levantado en manzanas y lotes individuales, sin que necesariamente exista un equipamiento colectivo de por medio.” , pero que denote una entidad de interés privado respaldándola.
La permanente transformación de Lima, ha generado la reconversión de las barriadas en brillantes ‘urbanizaciones’, dicha transformación no ocurrió de la noche a la mañana sin un motivo de carácter económico-social que amerite este hecho, el responsable de este fenómeno es la lógica del asenso social, el acortar cada vez más este “bridge-intercultural” del rico-pobre que nos aparta y nos acerca, y cómo?, pues comprando lo que no tengo: el consumismo de imitación.
El barrio peruano tiene dos extremos: la casa-quinta y la ciudad satélite. La primera es una forma colectiva de vivienda, bajo un “solo techo”, que se identifica en su totalidad puesto que la relación se expresa ciudad-vivienda y no ciudad-conjunto de viviendas. Por el contrario, existen barrios tan grandes que en sí podrían llegar a ser una ciudad: la ciudad satélite que se desarrolla como barrio en base al grado de autonomía que tenga sobre la ciudad principal. Si la ciudad satélite se independiza funcional y espacialmente, dejará de ser una barrio como tal. Por otra parte, se considera como unidad menor de un barrio a la manzana-barrio, una manzana es la unidad fundamental de la estructuración urbana, casas en conjunto donde las viviendas de la manzana piensan y se resuelven como una unidad.
En sentido urbanístico, el barrio es “un espacio pensado, y planificado previamente como construcción de ciudad, incluso cuando se trata de barrios constituidos por acción espontánea de sus habitantes”, y tiene tres límites urbanísticos: el definido por el tamaño final del barrio registrado de manera formal, el barrio formado por diversas etapas o sectores durante un transcurso de tiempo, y el barrio que junto a otros con igual carácter y fisonomía, forman un barrio-distrito.
Finalmente, existen múltiples y variadas definiciones de barrio, entre las mas influyentes están la de notación antropológica y cultural, el barrio es gente y espacio con vida; el barrio como unidad social y especialización económica; el barrio como unidad básica de poder; el barrio unido al concepto de dimensión morfológica y rasgos físicos. Sin embargo, el barrio no nace por algún concepto que lo determine, limite o amplíe; el barrio nace en el momento en que el hecho físico es usado como un barrio y sus integrantes interactúen concientes de ser partícipes sociales como tal.
El término barriada no surge a la par con las invasiones que se tomaron en Lima a inicios de los treinta, siendo la invasión un hecho relativamente nuevo, se remitió su definición a viejos conceptos como los de “urbanización o barrio clandestino”. A fines de la década de los cincuenta, el término “barrio marginal” ya era parte del hablar limeño, es así como surge “barriada”, derivación despectiva directa del término barrio, con el que, desde la perspectiva de la élite limeña, se pensaba que era lo afín a la “delincuencia, promiscuidad e inmundicia social” y gracias a nuestra prensa conservadora de entonces, este calificativo fue aun más generalizado.
“Para ningún peruano ajeno al ámbito elitista criollo, con apellidos de ascendencia europea, es un secreto que el Perú es un país discriminatorio. Sin embargo el hecho de reconocer el racismo como parte de una problemática social pasa por darnos cuenta que nuestros derechos están siendo vulnerados (…)”*
Marginal: es aquello de importancia secundaria o escasa, y las personas o
grupos que viven y actúan fuera de las normas sociales y comúnmente admitidas.**
Es muy importante entender el término de barriada no solamente dentro de un marco urbanístico, si no también como el impacto social que tuvo en aquellos años, la indicación de marginal como fue calificada, demuestra el concepto de invasión, de irrupción causada por terceros. Estas invasiones eran, para la élite limeña, el foco de “delitos, degeneración e incultura”, para Pablo Berckholtz Salinas, la barriada es una “aberración social, (...) vivienda maldita, carente de luz, de sol, de aire, de limpieza, donde el hombre no encuentra su ración de oxigeno para compartirlo con su familia y cooperar indirectamente con el adelanto racial.”***
En 1957, al crearse
Con el tiempo, el término barriada adquiere especificidad y notación, puesto que según reglamento (Ley Nº 13517 de 1961) la unidad de barrio podrá constituirse sobre la base de varias de las mismas, formando así distintas unidades que se agruparán entorno a un posible conjunto urbano que les brinde el equipamiento necesario como para consolidarse como unidad, delimitando su realización como implantación urbanística, definiéndose como Urbanización Popular de interés Social. Por consiguiente y acoplándose a la norma, todas las barriadas obtenían reconocimiento legal, convirtiéndose en urbanización.
Posteriormente, durante el golpe de estado de Velasco, se canceló el término de barriada, para lograr una ‘legitimidad social y política” muy aspirada por el cabecilla de turno, llamándole “pueblo joven”; término que nuevamente cambió durante el segundo gobierno de Belaunde, pasando a ser “asentamiento humano”; cuya vigencia se halla hasta nuestros días. Sin embargo este nuevo término consolida una calificación político-jurídica más que al hecho urbanístico mismo, por lo que el autor considera recomendable el emplear el término barriada ya que explica mejor dicho fenómeno, tanto como connotación histórica y como urbanística.
Conjunto habitacional, ¿a la vuelta de la esquina?
Su definición se remite a la vivienda social realizada por el Estado, un claro ejemplo es Mi Vivienda, que prolifera en cantidad y a la vez criticado por diversos sectores; sin embargo esta caracterización “social-estatal” es discutida pues actualmente proliferan en Lima conjuntos habitacionales desarrolladas por el sector privado, considerando como estos a los tantos edificios por departamentos que invaden a Lima cada día más.
Las tradiciones y urbanismo en Lima
Las diferencias entre urbanización, conjunto habitacional y barriada se aprecian en el carácter de los procesos de producción, intercambio y consumo al que son dirigidos; su diseño y posterior construcción.
Mientras que la urbanización estatal destaca su desarrollo y construcción por el estado peruano, además de no ser sujeta a las prescripciones reglamentarias, llega al usuario a través de diversos procedimientos (sorteos y precalificaciones según el grado de necesidad); las urbanizaciones privadas operan de distinta manera: esta es maniobrada por una empresa privada y profesionales independientes, que se acatan a la reglamentación actual. La primera mantiene el objetivo de solucionar las necesidades de habitabilidad de un sector de peruanos, no muchas veces lo realiza con la imaginación necesaria, me refiero a que no solo las construcciones “bonitas” deben ser creativas; la segunda muchas veces solo piensa en lograr una alta rentabilidad construyendo bloques y bloques de edificios muy parecidos que cada vez densifican más la ciudad, bloques de edificios lo hace cualquiera, lo que se requiere es un nuevo planteamiento de la vivienda.
En el caso de la barriada, es su propia gente la que lo gesta, la que la piensa. El procedimiento es el siguiente: ocupación colectiva o invasión del terreno, su “lotización/ocupación” y su construcción gradual (muchas veces interminable dada la situación de pobreza referida a la(s) familia(s) que la habitan); finalmente muy pocas barriadas se lotizan de manera esquemática y varían de tipo urbanístico a lo largo de la historia.
Las diferencias y puntos de concordancia entre las tres principales tradiciones del urbanismo limeño: la tradición del urbanismo estatal, la tradición del urbanismo privado y la tradición del urbanismo barrial; se generan en sus condición social, material, político, económico, cultural o ambiental.
El transcurso de la historia de nuestra ciudad nos muestra una característica muy ‘peruana’ es el que en ningún otro país de similar desarrollo al nuestro, el barrio puede nacer aún sin tener una vivienda como tal construida o normativas propias que la respalden, menos aún contar con los servicios básicos o cumplimientos de sanidad mínimos requeridos para el desarrollo óptimo de una sociedad, de la persona humana; en otras palabras: lote no definido + grupo de gente = barriada. Muy por el contrario, las urbanizaciones privadas y estatales, presentan una situación y contexto diferentes, además de compartir una postura urbanística, es decir son urbanísticamente concientes de si mismas.
Sin embargo, el Perú ya no puede darse el lujo de continuar viviendo y fomentando esta realidad de barriada o asentamiento humano desprotegido y fuera de la ciudad, esto no solo afecta a la gente de bajos recursos viviendo en barriadas si no también a la sociedad que por permitirles este desarrollo dificultoso y marginal, crea una capa de distanciamiento irracional, ilógico e inhumano fomentando el pensamiento de que sociedad y urbanismo en desarrollo no somos todos, si no solamente de los que pueden.
Urge y es necesario políticas de estado y nuevos planteamientos de vivienda, que fomenten la participación del pueblo y grupos de expertos peruanos que realmente conozcan y estén al tanto de la problemática urbana, peruanos universitarios y profesionales que busquen soluciones a nuestros problemas urbanísticos, problemas de vivienda, y generen soluciones óptimas y creativas para los de menores recursos, dentro de un marco de desarrollo sostenible y realicen trabajos de hormiga que recopilen nuestra historia urbanística y logren finalmente enderezar el árbol urbanístico torcido de nuestra ciudad.
L.I.M.A.
Bach. en Arq. Lorena Castañeda Rodriguez
Ensayo de
Bibliografía:
*CHOLO SI, INDIO NO. Vanessa Verástegui Ollé, Estudiante de Posgrado de Antropología en
** Urbanismo marginal para marginados. José María Molina Terrén, España.
*** Berckholtzs Salinas, Pablo. “Barrios marginales-Aberración social.” Pág. 18. Lima.
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